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Historia Medieval

La participación de Torreperogil en todos los acontecimientos bélicos del siglo XV debieron dejar huella en las estructuras defensivas de su fortaleza, pudiendo relacionarse con algunas de las grandes reformas estructurales que han sido constatadas en las investigaciones arqueológicas. A lo largo de 1990, y como trabajos previos a la construcción de un auditorio municipal, se llevaron a cabo varias intervenciones arqueológicas en la fortificación. Los sondeos arqueológicos constataron la existencia de varias fases de ocupación, de las más antiguas, pertenecientes a la Edad del Bronce y a época Ibero-romana, tan solo se conservaban pequeños indicios, por lo general fragmentos cerámicos, ya que sus niveles de ocupación fueron arrasados por la construcción de la fortaleza medieval.

La fase de ocupación más importante correspondía a una fortificación medieval de la que se conservaba varios elementos emergentes, entre los que destacan dos torres una de planta cuadrada y otra ochavada. Las investigaciones arqueológicas dejaron al descubierto nuevos elementos pertenecientes a la fortaleza, la cual había sufrido varias reestructuraciones a lo largo de su historia.
La primera fortaleza de Torreperogil estaba formada por dos lienzos de mampostería, quedando entre ambos un pequeño pasillo, que pudo utilizarse como barbacana. En una segunda fase, el castillo sufre una profunda reestructuración, de tal forma que el primer lienzo y el pasillo fueron inutilizados, construyéndose en su lugar varias tones defensivas, que incrementaban la inexpugnabilidad de la fortaleza. Internamente, las dependencias de la primera fortaleza son eliminadas, construyéndose en su lugar numerosa estancias organizadas en tomo a un patio de armas, y comunicadas entre sí, a través de varios pasillos. Algunas de estas habitaciones fueron construidas aprovechando profundos desniveles existentes en la base geológica, lo que facilitó la edificación de habitaciones bodegas. Todas las dependencias se localizaban adosadas a los lienzos de muralla y circundaban el patio de armas, en el cual se edificó un aljibe de planta rectangular, cubierto con bóveda de cañón. A su interior se accedía a través de una puerta y una escalera, utilizadas para su limpieza y mantenimiento.
Durante el siglo XVI y XVII el castillo se sigue ocupado como zona de vivienda, para lo cual prácticamente no se efectuaron reformas importantes en el conjunto, permaneciendo en uso las murallas y reutilizandose las habitaciones bodega, aljibe y demás dependencias.
thumb_067-torres-de-pero-xilComo ha puesto de manifiesto G de la jara, en las Actas Capitulares del municipio se recogen noticias de la existencia del castillo durante el siglo XVII, concretamente en 1642 "las Torres de Pero Gil pasaron a ser propiedad municipal, tasándose su valor por maestros herreros, carpinteros alarifes tanto locales como enviados por el Concejo Supremo de Castilla, siendo el importe de la venta, pagado por la Real Hacienda de Felipe I"
Finalmente, entre los siglos XVIII-XX el castillo sufrió una intensa reestructuración, convirtiéndose en necrópolis, dada su proximidad a la iglesia parroquial. Los primeros indicios de enterramiento se documentan en los momentos en que la fortificación se abandona, una vez que pasa a poder municipal.
Durante este período aún se mantienen las murallas y algunos de los muros de sus dependencias, emplazándose un área de enterramientos infantiles en la zona exterior de la fortaleza, y junto a ella, en el interior del recinto amurallado numerosas fosas de inhumación, las cuales rompen muros y niveles arqueológicos.
Sobre esta primera necrópolis se establecerá una nueva, la cual transformó plenamente el conjunto, para ello, se derriban algunos lienzos de muralla, una de las torres y todas las estructuras internas, construyéndose un recinto de planta cuadrada, dividido internamente por un pasillo empedrado, entorno al cual se distribuían los enterramientos.
Según el análisis de la Actas Capitulares de Torreperogil llevado a cabo por G. de la jara, el 22 de septiembre de 1819, se ordena la construcción de un nuevo cementerio, para ello el ayuntamiento cede los terrenos del viejo castillo y la parte que ocupan sus murallas. La cesión de estos terrenos por parte del ayuntamiento supuso otra importante transformación del antiguo castillo, ya que fue construida una nueva necrópolis, esta vez con planta de cruz latina, de cabecera circular. En la misma, la zona central fue utilizada para enterramientos individuales en fosas de tierra, y los espacios laterales para nichos. Esta nueva necrópolis destruye no solo el antiguo cementerio, sino también el aljibe del castillo, que se convierte, primeramente en un panteón, y posteriormente en un osario, para lo cual se destruye su bóveda y uno de sus laterales.
Este cementerio fue utilizado hasta diciembre de 1852, fecha en la que fue abierto uno nuevo a las afueras de la localidad, pasando los terrenos a propiedad de la iglesia.
Tras estas amplias reformas, del primitivo castillo tan solo se conservaron algunos lienzos de muralla y tres torres.
Documentalmente sabemos que en 1874 podía verse una tercera torre, aunque en muy mal estado. Según se recoge en las Actas Capitulares, el 17 de mayo de 1874, "El Sr. Alcalde manifesto que se le había pedido el terreno que circumbala la torre lindante al cementerio viejo para edificar en él, y creyendo que esta concesión vendría tal vez a ocasionar desgracias por el mal estado de solidez en que dicha torre se hallaba, por lo cual si se quiere ceder dicho terreno, debía acordarse la demolición de la torre o no permitir su edificación junto a ella...» el 24 de mayo de 1874 "...manifiesta el Alcalde, que habiéndose llevado a ejecución el acuerdo del Ayuntamiento sobre el derribo de la Torre lindante al cementerio viejo, se le concedió autorización a Diego Molina Avilés por el aprovechamiento de los materiales que resultasen del derribo y que si el derribo no se efectuara dentro del plazo fijado, que sea nula de cesión...", finalizándose la destrucción de la misma en el mes de septiembre.
En 1887, aún pueden verse los restos de algunas de las torres que formaban el recinto fortificado, tal como señala Alfredo Cazabán, mencionando la existencia de dos de las torres, "una octógona, otra cuadrada, muy derruida, y algunos vestigios de las restantes"
Texto recopilado del coleccionable "Jaén: Pueblos y ciudades" publicado por el Periódico Jaén en 1997. Autor: Juan Carlos Castillo. Si considera que este texto no debe aparecer aquí no dude en contactar con nostros.

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